Deja de autoconvencerte de que no le necesitas, de intentar olvidar. Porque si una parte de ti, por mínima que sea, no quiere, date por perdida.
Toca seguir adelante y enfrentarte a las cosas, dar la cara y luchar por lo que te mereces. Es hora de cerrar esa puerta que no debería haber estado tanto tiempo abierta. Y tan abierta, que ahora está sellada con loctite por cada esquina. Y no sólo eso, sino que pesa 2500 kilos, está jodido el pestillo y ni siquiera tiene pomo.
Luego, la persona en cuestión está al otro lado, tirando para evitar que la cierres, poniendo armarios, sillas, y todo el puto mobiliario.
Lo que en ese momento no ves, es que un simple empujón de la persona correcta en el momento adecuado puede hacer que se caigan todos y cada uno de los muebles que se resisten al otro lado, que te cambie el pestillo por uno más resitente, ponga un pomo nuevo, y sea tan sumamente fuerte como para que entre los dos podáis acabar con todo esto, dar un portazo y poner un candado.
Porque ya sabes lo que viene ahora, ¿no? Empezar de cero, con él o sin él. No hay necesidad de empezar a lo grande buscando la llave de la primera puerta que encuentres. Confórmate con una ventana. Ábrela,vamos. Es aquí y ahora. recuerda que no hay lección sin golpe.
Quizá nuestras viejas heridas, las cicatrices, nos enseñan algo. Nos recuerdan dónde hemos estado, y qué hemos superado. Eso es lo que nos gusta pensar. Pero así no es, ¿verdad? Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra, y otra vez.
Puede que parezca egoísta, pero lo que nadie sabe es que lo que ahora está al otro lado de la puerta, lo que consideras tu debilidad, una vez te mataba por dentro.
