De repente me encontré contigo, y supe que no quería conocer a nadie más. Que nadie me iba a querer mejor, ni me miraría los domingos como si fueran viernes. Porque todo el tiempo que me has estado esperando es el mismo que he estado yo sin saber cómo ir.
Es difícil encontrar a alguien que te haya visto maquillada, sin maquillar, enferma, de fiesta, en clase, de boda, en pijama, con amigas, con amigos, en familia, triste, feliz, enfadada o enamorada, y pase el tiempo que pase, todavía le brillen los ojos cada vez que te mira.
Gracias pequeño, por los madrugones y las madrugadas, por hacerme mejor, sujetarme antes de que me caiga, y soportarme cuando no hay ser humano que me entienda.
Gracias por hablarme la primera vez, y todas las demás. Por querer conocerme y dejarte conocer, y querer que fuera feliz aunque no fuera contigo.
Por todas las palabras bonitas y las que no lo son tanto, las que nos hacen sonreír y las que nos hacen discutir, pero que todas nos hacen siempre más fuertes.
Gracias por lo que se ve y por lo que nos guardamos para nosotros, porque no hay nadie mejor que tú en el mundo para compartir recuerdos. Porque quiero inclinar la cabeza y que estés ahí, y reírme recordando que a lo mejor no tendríamos que estar tan locos, pero sí lo estamos, y ojalá lo estuviésemos más.
Gracias por aquel día 7, por ese especial 19 al lado del mar, por mi primer 14 de febrero, y por el resto de días que desde hace un año tienen más sentido estando contigo.
"Yo quiero que seamos viejitos para poder decirte: ¿Ves como sí eras el amor de mi vida?"
Te quiero, pequeño. 7



