Que sí, que vale, que todo pasa por alguna razón, pero alguien me llega a decir hace 365 días que le iba a querer lo que le quiero hoy, y de verdad que no le habría creído.
Hace un año me pasó eso que sucede pocas veces en la vida, conocer a alguien de repente y que se vuelva necesario cada día. Prefiero llamarlo hábito. Un hábito es todo aquello que se repite regularmente y que, al cabo del tiempo, el cuerpo lo asimila como algo natural y lo desarrolla con facilidad. Pues créedme cuando digo que una persona también puede considerarse un hábito. Cuando sólo necesitas un 'Hola' con nombre y apellidos.
Porque después de tanto tiempo una aprende cosas como que los posits sirven para algo más que recordarte algo importante, o que puedo parecer cabezota y orgullosa pero sé reconocer mis errores y si tengo que pasarme una noche entera escribiendo de la mejor forma una disculpa, me la paso.
Hace un año encontré a alguien grande, muy grande. Quien me ha levantado una y otra vez mientras para los demás siempre había estado de pie. Alguien que me ha visto pintada, sin pintar, llorando, sonriendo, enfadada, indignada, y a pesar de todo me veía preciosa.
Alguien que ha conseguido sacarme a base de cosquillas de esa coraza con la que me había cubierto para evitar que me hicieran daño.
Ha llovido mucho desde aquel siete de abril, y nosotros tampoco somos los mismos.
Hemos aprendido por las malas que hay pequeñas manías que matan, que ciertos temas hay que tratarlos con cuidado, y que los reproches y rencores no nos llevan a nada bueno.
Todo eso nos ha hecho crecer. Nos ha hecho saber valorar mejor cada momento y cada persona. Porque ahora sabemos lo que es sentir que hemos perdido a alguien, aunque sea por unas horas, o unos días. Esa sensación de vacío, de ganas de tragarte tus palabras, coger el puto teléfono y marcar un número. Su número.
Pero bueno,supongo que eso es lo que nos hace especiales. Tener a alguien que daría tantas cosas por ti y por el que tú harías lo mismo, o más.
'Y que a pesar de todo el tiempo no nos va a separar. Agarra mi mano sin miedo, pequeña. Sólo ámame y que sea para siempre'
Te voy a querer aquí, en Roma, Florencia, Venecia, Praga, Bratislava o Budapest. Donde haga falta, siempre estaré para demostrártelo.