En estas últimas semanas he aprendido algo importante, y es que no se puede ser perfecto. Por mucho que te lo propongas siempre habrá algo que nos haga tropezar con lo que menos querías. Se suele decir que el ser humano es imperfecto por naturaleza, y bueno, también dicen que en la imperfección existe cierta belleza.
Lo malo es cuando por culpa de un error causas el efecto contrario y toca enmendar el mal provocado. Pero el verdadero problema viene cuando no somos capaces de darnos cuenta de ello, cuando le damos un millón de vueltas y le daríamos otras tantas para seguir viendo que tenemos razón. El orgullo se puede tragar siempre, aunque sea con una cucharada de sal; si quieres, puedes. Que de mis errores me voy conociendo más a mi misma, pero también a los demás, y si luchamos contra ellos día a día nos evitará perder a quien más queremos.
Y que le quiero, eso también es importante. Mucho más que mucho, y mucho más que más.